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TODO o NADA, DÍA 23 – HAZ GUERRA CONTRA LA PASIVIDAD: Rechazando la Apatía

Rudy Escobar

“El Día 23 – Declara Guerra a la Pasividad” confronta la fuerza silenciosa y destructiva que ha amenazado a los hombres desde que Adán estuvo presente pero callado. Basado en Santiago 4:17 y en el relato de Génesis, este devocional revela que la pasividad no es inocua—cede responsabilidad, debilita los hogares, daña relaciones y abre puertas al enemigo. Los hombres “todo o nada” rechazan la apatía tomando iniciativa, actuando con valentía, hablando verdad y ocupando los roles que Dios les ha confiado. La victoria comienza en las pequeñas batallas diarias donde un hombre elige la acción sobre la evasión, la responsabilidad sobre la retirada y la obediencia sobre la comodidad.

Bienvenido al devocional Todo o Nada. Hoy hablamos de: Haz Guerra Contra la Pasividad: Rechazando la Apatía

“Por tanto, al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.” - Santiago 4:17 NBLH

“El infierno está empedrado de buenas intenciones.” — Proverbio popularizado por Samuel Johnson

 En el libro de Génesis, cuando Eva fue tentada por la serpiente, a menudo olvidamos un detalle clave: Adán estaba justo allí. No andaba nombrando animales ni recogiendo frutos. La Escritura dice que estaba “con ella”. Y aun así, no dijo nada. No hizo nada. No tomó acción para proteger, para liderar o para resistir.

 El primer pecado del hombre no fue violencia, ni arrogancia, ni rebelión. Fue pasividad.

 Y ese mismo espíritu pasivo todavía se infiltra hoy en la vida de los hombres, no con estruendo, sino con silencio. Con la negativa a hablar cuando hay que hablar. Con la demora cuando hay que decidir. Con un encogimiento de hombros cuando hay que tomar posición.

 La pasividad no es ausencia de acción, es rendición de responsabilidad. Se manifiesta cuando los hombres evitan conversaciones difíciles, posponen el liderazgo o asumen que alguien más se hará cargo.

 Pero los hombres Todo o Nada saben que la pasividad no es neutral. Es destructiva. No solo deja brechas: invita al enemigo a entrar.

  • La ves en matrimonios, donde el silencio se convierte en distancia. 
  • En la paternidad, donde la distracción reemplaza la presencia. 
  • En las iglesias, donde los hombres se conforman con sentarse pero nunca liderar. 
  • En las amistades, donde falta rendición de cuentas porque “no es mi lugar.” 

 Y con el tiempo, la apatía se endurece hasta convertirse en identidad. Dejas de creer que estás llamado a más. Te conviertes en espectador de tu propia vida.

 Pero Jesús no modeló pasividad. Él modeló iniciativa. Confrontó el pecado, volcó mesas, habló verdades duras y cargó su cruz voluntariamente.

 Entregó su vida no porque estaba obligado, sino porque lo eligió. Eso es amor activo. Eso es obediencia decisiva.

 Los hombres Todo o Nada no esperan condiciones perfectas. No necesitan permiso para liderar sus hogares, confesar pecado, iniciar discipulado o proteger a los vulnerables. Ellos se presentan. Hablan. Actúan. Incluso cuando es incómodo.

 Y todo empieza en lo pequeño: 

  • En el momento en que sientes el impulso de orar con tu esposa y lo haces. 
  • En el segundo en que notas que tu hijo se está aislando y eliges acercarte en vez de desconectarte. 
  • En el amigo que se está alejando y, en vez de quedarte callado, le haces la pregunta difícil. 
  • Estas son las batallas donde la pasividad es derrotada.

 Desafío de Hoy
Identifica un área de tu vida donde la pasividad te está robando terreno: tu matrimonio, tu fe, tus amistades, tus pensamientos. ¿Qué has estado evitando? Escríbelo. Confiésalo a Dios. Luego toma una acción valiente hoy: habla, da un paso, o sirve en ese espacio. Rompe el silencio. Haz guerra contra la pasividad.

 Cuando rechazas la pasividad, reclamas tu rol dado por Dios como protector, líder y hermano.

 Esto es lo que significa ser un hombre Todo o Nada: totalmente rendido, totalmente comprometido.

 Sigue mostrándote fiel.
Dios honra al hombre que se niega a retroceder.