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TODO o NADA, DÍA 34 – RINDE LOS RESULTADOS: Confiando en Dios con los Frutos

Rudy Escobar

“El Día 34 – Rinde los Resultados” invita a los hombres a soltar el control y confiar en Dios con los resultados que no pueden manejar. Basado en Salmos 37:5 y en la larga y costosa lucha de William Wilberforce, este devocional resalta que la obediencia es éxito—aun cuando los resultados se retrasan o no se ven. Los hombres “todo o nada” se rehúsan a medir su valor por resultados inmediatos; en su lugar, aparecen fielmente, actúan con amor, hablan verdad y confían a Dios la cosecha. Rendir los resultados libera al hombre del miedo, del perfeccionismo y de la presión, anclándolo en la paz de caminar en la voluntad de Dios.

Bienvenido al devocional Todo o Nada. Hoy hablamos de: Rinde los Resultados: Confiando en Dios con los Frutos

 “Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará.” - Salmo 37:5 NVI

 “El éxito no es la medida de la obediencia — la obediencia es el éxito.” — Corrie ten Boom

 William Wilberforce luchó durante décadas para abolir la trata de esclavos en Gran Bretaña. Siendo un joven político, experimentó una conversión cristiana radical y comenzó a ver la política no como una carrera, sino como un llamado. Convencido de que la esclavitud era un mal moral, introdujo legislación año tras año, y año tras año, fracasó.

 Fue objeto de burlas. Amenazado. Exhausto. Muchos le decían que se rindiera. Pero Wilberforce creía que los resultados pertenecían a Dios. Su papel era permanecer fiel. Una vez dijo: “Nuestro negocio es presentar la visión cristiana… el resultado está en manos superiores.” 

 Después de veinte años de resistencia y derrotas, el Parlamento británico finalmente votó la abolición de la trata en 1807. Wilberforce lloró de gozo. No ganó rápido. No ganó fácil. Pero confió en Dios en la lucha, y su obediencia cambió el rumbo de la historia.

 Muy a menudo, obedecemos a Dios con una expectativa silenciosa:

si hago lo que Él dice, debería salir como planeé.

  •  Damos, esperando provisión inmediata.
  • Pedimos perdón, esperando reconciliación.
  • Oramos, esperando resultados en nuestro propio tiempo.

 Pero la obediencia no es una máquina expendedora. No es una fórmula. Es una entrega llena de fe, una confianza de que Dios es bueno, aun cuando los resultados no parezcan éxito.

 Los hombres Todo o Nada entienden esto: la fidelidad es su parte, los resultados son de Dios.

 No controlas si tu compañero de trabajo responde a tu testimonio. No controlas si tu hijo vuelve a Cristo. No controlas cómo reciben tus esfuerzos en el ministerio. No controlas cómo interpretan otros tu liderazgo, ni cuánto tarda el avance.

 Pero sí controlas tu obediencia. Puedes presentarte. Hablar verdad. Amar con fidelidad. Liderar con valentía. Perdonar con generosidad. Y cuando las cosas se tuercen, puedes decir: 

“Señor, hice lo que pediste. Confío en Ti con el resto.”

 Jesús lo modeló perfectamente. En el huerto de Getsemaní, frente a la cruz, oró: “No se haga mi voluntad, sino la tuya.” No solo entregó el dolor, sino también el resultado. Obedeció hasta la muerte. Y porque lo hizo, Dios lo levantó, lo exaltó y le dio el nombre que es sobre todo nombre (Filipenses 2:8-9).

 Hay paz en la rendición. Cuando sueltas los resultados, dejas de intentar controlar la respuesta de los demás. Dejas de atar tu valor a si “funcionó”. Dejas de obsesionarte con los frutos. Y comienzas a caminar en libertad, con la tranquila confianza de que Dios ve.

 Esto también te libera para amar sin agenda. Servir sin necesitar aplausos. Dar aunque nadie lo note. Seguir caminando aun cuando no veas la cosecha todavía.

 La obediencia puede costarte a corto plazo. Puede parecer necia. Pero Dios nunca la desperdicia. Él guarda cada acto de fidelidad, cada oración, cada obediencia invisible, y la usa de maneras que quizá no veas de este lado de la eternidad.

 Ese hombre, el que rinde los resultados, es inquebrantable.

 No puede ser manipulado por el miedo ni por los aplausos. Está arraigado en la voluntad del Padre. Y en un mundo obsesionado con resultados, él elige fidelidad.

 Desafío de Hoy

¿Hay un área donde has estado intentando controlar el resultado — tu carrera, tus hijos, tu reputación, tu impacto en el ministerio? Escríbela. Ríndela a Dios en oración. Luego da un paso de obediencia que has estado evitando por miedo o incertidumbre. Hazlo hoy. La fidelidad es tu victoria.

 Cuando rindes los resultados, liberas tu corazón para confiar en Aquel que sostiene los frutos.

Esto es lo que significa ser un hombre Todo o Nada: totalmente rendido, totalmente comprometido.

Sigue mostrándote fiel.

Dios honra al hombre que se niega a retroceder.